Los mundos.


De Fabiana Veladez.

En un mundo que vivimos de fantasía, todo parece terminar de manera feliz.

Al acecho la desdicha de descubrir que vivimos en un mundo real, donde existe carencia, dolor, injusticia y tristeza.

Detrás de nosotros existe un monstruo que no nos deja ser libres, que nos tiene atrapados entre sus garras, que no permite que caminemos un paso más. Y si tomamos el paso parece que retrocedemos, pero no un paso, más bien como tres.

Porque parece que nos apegamos a vivir en un mundo de color de rosa, donde sobresale el dueño explotador del ser humano, el depredador más peligroso para el propio hombre. Porque dejamos que ese mundo superficial nos envuelva con sus sábanas de ignorancia y avaricia.

Muy pocos son los que han despertado del mundo del vacío; lo que intentan es hacer ver a los demás que el mundo real se pierde porque todos estamos en un sueño profundo. ¿Cuántos en verdad ya no tendrán la venda sobre los ojos?

Seguro Popular “engañoso ” y sus derechohabientes.


 De Liliana L. Mejía Cortés

Es posible que uno de los temas más importantes en México y el mundo sea la salud. Reclamos de diversa índole se han suscitado sobre la supuesta gratuidad de los servicios tan predicados del denominado Seguro Popular.

Resurgen cada día nuevos cuestionamientos sobre la eficacia de los programas impulsados por el gobierno federal. El Seguro Popular ha dejado mal sabor de boca a muchos de los derechohabientes, desde la poca amabilidad, apatía, aires de prepotencia de los encargados y sobre todo la falacia de gratuidad en el servicio.

Como prueba fehaciente en el poblado de Ixcatepec en Tepoztlán, Morelos, donde se llevó a cabo el tramite para nuevos usuarios, surgió la inconformidad de un habitante. Severiano Rojas, un campesino de avanzada edad, discutía ferozmente con uno de los encargados y le exigía que le reembolsaran el dinero que había pagado por la atención de su nieto en un hospital de la ciudad de Cuernavaca.

En el estado de Quintana Roo se suscitó un acontecimiento parecido: tras un reclamo al mismo presidente de la República, Felipe Calderón, el cual se encontraba de visita. Una mujer le reclamaba airadamente un cobro injustificado en el Hospital General de Cancún. Asimismo le cuestionó directamente sobre la supuesta gratuidad de los servicios que él y su gobierno tanto predican.

 

Ante la inminente declaratoria de la cobertura universal de la salud, como el gran logro del sexenio, es necesario informar objetivamente sobre los alcances reales del Seguro Popular.

La propaganda oficial desbordaba en anuncios que afirmaban que todos los mexicanos y mexicanas tendrían la atención médica y medicamentos requeridos y que el servicio incluía mil 400 enfermedades, poco a poco cae en el rubro de una colosal mentira.

Lo que muchos de los derechohabientes ignoran es que en realidad el Seguro Popular sólo cubre el Catálogo Universal de Servicios de la Salud (Causes), que son 275 intervenciones de consulta, urgencias y hospitalización, y nueve padecimientos de gasto catastrófico.

Esto significa que el paciente debe pagar el tratamiento de todas las enfermedades no incluidas en estos rubros. Persiste de esta manera una barrera económica muy importante de acceso a la atención medica de los derechohabientes.

De igual manera, existen varias interrogantes hacia el presupuesto federal destinado al tema de salud y el llamado Seguro Popular, por ejemplo: Los recursos asignados para el tratamiento del grupo de gastos catastróficos fueron 6 mil 873.93 millones de pesos en 2011, dato que contrasta con la asignación de 9 mil 257.8  millones de pesos en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

Además cabe señalar que el Fideicomiso de gastos catastróficos disponía de 30.2 millones de pesos en el tercer trimestre del 2011, por lo que no se justifica restringir la inclusión de más enfermedades. De hecho, en el último informe presentado por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), que incluye los resultados de la fiscalización de la Cuenta Pública 2009, detectó anomalías por cerca de 3 mil millones de pesos en los recursos que ese año se entregaron a los estados para la operatividad del Seguro Popular.

Es realmente inimaginable que un programa federal que contará para este año con un presupuesto de 430 mil millones de pesos, siga teniendo enormes deficiencias, no solo de caracter social, sino igualmente administrativo.

De los problemas antes señalados, quizás el que mayor descontento de la población es el de Servicios médicos, farmacéuticos y hospitalarios, puesto que los resultados de encuestas recientes, señalan que: 94.8% de los beneficiados encuestados tienen que comprar sus medicinas con recursos propios, sumando el porcentaje de inconformes por el deplorable equipamiento del centro de salud, la falta de médicos, y el tiempo de espera para recibir atención médica. Eso sí, siempre y cuando se consiga una cita. El discurso propagandista sobre la cobertura universal gratuita de la salud dista mucho de nuestra lamentable realidad, a pesar de que año con año son más los afiliados a las enormes listas,  aún quedan demasiadas interrogantes en el aire, que por supuesto no  se dará  esclarecimiento a la gran inquietud de la población, que exige ferozmente su derecho fundamental a una salud digna.

El pasillo menos transitado


Si cuatro días de tu vida estuvieran dedicados a escribir todo lo que quieras, ¿qué escribirías? Y más importante, ¿qué descubrirías?

Camino por un largo pasillo que no alcanzo a ver cuándo termina. Está dividido en bloques. De un lado veo un cuarto lleno de recortes, hojas a medio escribir, libros y más libros, periódicos y revistas. Este parece ser el fragmento más visitado. Como si fuera el que más se repite, pero en realidad todo se acumula en él y lo visito cuando lo necesito. Del otro lado hay personas que me parece he conocido toda mi vida pero que se muestran borrosas, inmateriales, como si un momento pudieran estar y al otro desaparecer.

Más adelante hay hermosos paisajes con colores para los que no tengo nombre. Hay algo incompleto en esta imagen. Le falta solidez. Como si me hubiera detenido a observarlo tan pocas veces que no he alcanzado a comprender la belleza. Hay un cuarto oscuro que no me atrevo a mirar. Me da miedo qué pueda encontrar. Enfrente veo un cuarto lleno de gente famosa, algunos vivos, algunos muertos, todos los cuales me gusta citar de vez en cuando ya que se terminaron las ideas propias. Los conozco bien, me permiten descansar a mí.

Más allá veo algo que cada vez que creo entenderlo cambia de cara y yo con él. A veces lo representa una persona. A veces simplemente soy yo. Me confunde y me hace responder de maneras que no reconozco.  Despierta en mí emociones que terminan por desgastarse, consumirme o crear adicción. Este no es un fragmento. Lo observo desde el principio y hasta donde llevo caminado, y lo veo más allá. Se podría pintar como un ser humano en diferentes posiciones y con diferentes armas peleando contra su sombra; sólo que éste ignora que es su sombra.

A lo largo del trayecto veo pequeñas esferas de luz que me traen una extraña paz. Como el sentimiento de hacer algo bien. De repente se extinguen las luces. Me invade el pánico porque, a pesar de saber que el camino sigue más allá, no veo qué está pasando y, peor aún, qué pasará con el siguiente paso. No veo nada y pienso que yo también he desaparecido junto con la luz. Después tropiezo, me raspo las manos y rodillas, me levanto, doy un paso y me río porque siempre supe que la oscuridad iba a pasar.

Me detengo. Hay una encrucijada frente a mí. Izquierda o derecha. Me siento, contemplo y pienso. Bien o mal. Mucho o poco. Todo o nada. Arriba o abajo. Izquierda o derecha. Cuando me doy cuenta los dos caminos se están derrumbando porque nadie los está usando y ya esperaron demasiado. ¡Rápido! ¿Izquierda o derecha? Ave María dame puntería. Se repite la oscuridad y la luz. Lo atravieso. Veo atrás y me doy cuenta que por el otro camino también hubiera sido. Sonrío y me digo que las cosas son en cuanto yo las hago. 

A veces el camino se llena de personas. Claustrofobia. Me dicen qué hacer y cómo hacerlo. A qué y a quién hacerle caso y a qué y quién no. Me fastidio y los hago a un lado porque no hacen espacio para que yo pueda ver por dónde voy. Se repiten todas las demás imágenes. Me canso. El paso se vuelve lento y sin decisión. Volteo y veo el pasillo que muchas veces quise correr, otras gatear y otras destruir. ¿Qué siento?

Algunas veces el pasillo se vio atravesado por otros pasillos. A veces tuve mucho tiempo para mí. Me detuve en algunas partes. Me apresuré por otras. Sólo al final de él me doy cuenta qué hice. Bien o mal, está hecho. ¿Qué hubiera cambiado? ¿Qué no? La misma sombra desde el principio, y sólo hasta ahora me pongo a pensar cómo lo debí haber tomado y no por dónde.

El hecho de tomar una pluma y un papel te llevan a conocer el mundo que eres tú mismo. Te encuentras a ti mismo y encuentras cómo ves al mundo. Lo que pasa en el exterior lo ves y lo escribes desde ti. Si eres afortunado, te encuentras con otras 11 personas que buscan esa experiencia al mismo tiempo que tú. Preguntas como qué te afecta o tener que contarle a otra persona una historia y que esa persona la tenga que escribir, te lleva a abrirte a ti mismo y a los demás. Grandes cosas ocurren cuando un grupo compuesto de mundos se dedican cuatro días a comprenderse a sí mismos, y a comprender, por lo menos los bordes, de otros mundos.

Mercedes Fernández