Sin título

Fragmento

Cuentan que los dioses tomaron nubes como algodones y lentamente por los oídos, como si rellenaran colchones, fueron tejiendo nuestros cerebros para que con ese material atado firmemente al cuerpo pudiéramos, de momentos, levantar el vuelo.

Sin embargo, masticaron las profundas raíces de las elementales secuoyas y con ello nos dieron pesadas piernas. Por brazos, alas sin plumas, pues viendo que los hombres tendrían tan poca densidad en la cabeza y tantos sueños entre las cejas que para que aprendiéramos a valorar los cielos, quisieron obligarnos a vivir siempre con empeño y a volar sólo cuando lo mereciéramos.

Fue con pétalos de tulipán con lo que nos cubrieron las tiernas carnes. Después con espejos, robaron luz de luna y usando caleidoscopios de piedras rojas, azules y amarillas formaron nuestros ojos.

Capturaron truenos y huracanes dentro de una botella de vidrio y cuidadosamente, para no romper el delicado cristal, la introdujeron dentro de nuestro pecho, para que así el hombre tuviera por corazón un ente indomable pero a la vez el más quebradizo.

Y con un violento soplo.

Nos inyectaron alma.

Vida.

Y es por eso que es tan cierto que morimos un poco con cada suspiro…

Emiliano Núñez

Imagen de Manuel Álvarez Bravo, La buena fama durmiendo, México D.F.,1938
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