“Qué costumbre tan salvaje… ”

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales. 

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

De: Otro recuento de poemas

Jaime Sabines 

 

“Qué costumbre tan salvaje… (Versión México 2006-2011)”

¡Qué costumbre tan salvaje esta de descuartizar a los ejecutados!, ¡de mutilarlos, de colgarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos inhumanamente, es negarles la posibilidad de un santo entierro.

Yo siempre estoy esperando a que el pueblo se levante, que rompan la ceguez, y digan alegremente: ¿Por qué más muerte?

Por eso me sobrecoge el peritaje del muerto. Aseguran el área de la muerte, la encintan y condecoran, le ponen triángulos de plástico para contar las balas, tras, tras, tras, fotografía tras fotografía, flashes, sangre, prensa, cámaras, amacizando, ahí te quedaste, de aquí ya no saliste.

Me dan risa, luego, los policías, los jueces, la sentencia, la nota del día derramada.  Es una burla: ¿para qué lo ejecutaron?, ¿por qué no lo dejaron en una universidad hasta graduarse, hasta que su intelecto nos hablara de su muerte? ¿O por qué no darle libros, o darlo a los pintores, o elevarlo a un empleo?

Habría que tener una casa de apoyo para los ejecutados, con cultura, ventilada, limpia, con jazz y con agua de Jamaica. Lo menos dos o tres, cada día, se dejarían de morir.

De: Otro recuento de noticias.

Alfredo Arellano 

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